Capítulo 6: Los videojuegos son peligrosos para la salud

“Hoy son los octavos de final y nadie puede evitar mi momento épico con la bufanda al cuello pese al calor estival y mi vuvuzela para animar el cotarro”

Publicado el 02 Jul 2018

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El Mundial de Rusia me trae loco. Pese a los disgustos con De Gea y Hierro, no veo el momento de salir de la gestoría, conducir a todo trapo para llegar al salón de casa y conectar mi flamante pantalla 4k y disfrutar del fútbol en toda su expresión. Es mi momento, me sonrío internamente, y me dirijo al frigorífico a por una lata de mi brebaje favorito, acompañado de unas aceitunas patrias, muy adecuadas para la ocasión. Hoy son los octavos de final y nadie puede evitar mi momento épico con la bufanda al cuello pese al calor estival y mi vuvuzela para animar el cotarro. Todo es perfecto, Mar ha quedado con su círculo de enemigas de la tecnología, para discutir de cómo el teléfono móvil afecta a las relaciones familiares. Por lo menos, tardará tres horas; genial, podré ocupar el chesslong y estirarme a mis anchas.

Cuando abro la puerta del salón, caigo en la desesperación, Andrea y Roberto andan enzarzados con la play station 4 y el FIFA, que incauto de mí les regalé por sus buenas notas, renunciando a mis derechos televisivos y claudicando ante la intransigencia filial. De nada me ha valido gritarles ni tratar vanamente de conectar la TDT. Como gatos enjaulados me han marcado su terreno y me han impedido poder ver el inicio del partido, alegando sus derechos fundamentales y estar antes en casa. Creo que he perdido la batalla. Me tengo que bajar al bar de abajo, a escuchar el griterío y las groserías de algún patriota descerebrado. Cuando entro por la puerta, el aullido es brutal, acaba de colar un ruso en propia meta. La euforia me invade y me pido algo fuerte para aguantar la tensión. Cuando está a punto de acabar el primer tiempo, a Piqué se le ocurre la brillante idea de levantar el brazo en un corner, y zas, penalti al canto. Nos empatan. Vuelvo a pedir otra de lo mismo. La segunda parte se me hace eterna e insufrible. La tercera copa cae al filo de los noventa minutos. Con la prórroga, ya no me cabe el cuerpo en la camisa, y vuelvo a a caer en las garras del Johnny. Y fatal destino… llegamos a la tanda de penaltis. Salgo a cuatro patas del bar de la Paqui, con la bufanda en la cabeza y un estado lamentable. Para colmo, mi mujer y su liga antitecnológica me han pillado tratando de atinar con la llave en la puerta. Menudo bochorno, grita ella… Prefieres irte a emborracharte con tus amigotes que ver el Mundial en familia. ¿Boddacho, yo?

POSTDATA

Ha sido el peor lunes de mi vida de autónomo. Creo que voy a utilizar una argucia para que me perdone Mar. Le voy a pedir ingreso en su liga antitecnológica. Y esta noche, mientras duermen mis criaturas, voy a sabotear la maldita videoconsola.

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Redacción TICPymes

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