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miércoles, 17 de octubre de 2018
Autónomos
Capítulo 8: Que nadie me hable del wasap
Desde que las sobrinas mellizas están en casa, todo está patas arriba.
Rufino Contreras04/10/2018

Desde que las sobrinas mellizas están en casa, todo está patas arriba. Mar la antitecnológica ya juega al Fornite y se ha animado a comprar un Smartphone, eso sí de segunda mano, y se ha apuntado a grupos de wasap. El tema es para no echar gota. Tiene un grupo de amigas del gimnasio con las que salen a andar series kilométricas sin perder de vista escaparate alguno. Estas amigas son el núcleo duro de su asociación antitecnológica que ha derivado a anti-pero-no-tanto y se han rendido a los brazos de la movilidad, más por razones de índole materna que por vocación propia. Verla teclear es todo un poema, la pobre todavía no atina y utiliza los emoticonos sin fuste ni muste, como dicen en mi tierra. Porque es muy femenino usar los emojis a discreción, desbordando los mensajes, mientras que los tíos nos mostramos más parcos en emociones gráficas, salvo para engrandecer la jarra de cerveza o recalcar la carcajada bestial. Pues bien, en su grupo de wasap, cada una va a su aire y se contestan sin orden ni concierto, que no entiendo cómo al final se ponen de acuerdo y se enteran de todo lo que hay que enterarse. “Los hombres sois muy poco espabilados”, me suelta este zasca con cariño conyugal. La verdad es que yo uso el wasap para lo que hay que usarlo, y no me gusta el mamoneo; algo muy natural este tipo de chats, donde la pérdida de tiempo es deporte nacional. Y es que en todo grupo de wasap hay un plasta que se dedica a bombardearnos con mensajes subidos de tono o de mensajes carcas de ‘neoliberales currelas’. Y ya ves: hay grupos de wasap para aburrir, grupos de los niños, grupos de padres de los niños, grupos de amigos de los padres de los niños, grupos de los padres de los amigos de los padres que no son amigos de los niños, grupos solo de padres que no quieren que las madres participen en el grupo, y grupos de las madres que quedan para cenar y no admiten a sus cónyuges. Lo dicho… y no echar gota

POSDATAEn un acto supremo de rebelión he decidido salir de todos estos grupos cansinos, y ahora vivo tranquilo sin nadie que me moleste; aunque me he convertido en el enemigo público número uno de los amantes del wasap.