
La primera víctima española de la crisis financiera ha sido la joven Caja Castilla-La Mancha, una entidad de tan sólo 17 años de vida, que ha tenido que ser intervenida por el Banco de España ante los graves problemas de liquidez a los que se enfrenta.
Tras el infructuoso intento de fusión con Unicaja, el Banco de España ha tenido que salir al rescate de la entidad para garantizar los depósitos del más de un millón de clientes. El Ejecutivo ha aprobado un Decreto-Ley para proceder al cese del consejo de administración y la aprobación de un aval por parte del Estado de
El vicepresidente y ministro de Economía, Pedro Solbes</strong>, ha tranquilizado a los clientes de la Caja asegurando que la intervención por parte del Banco de España garantiza "absolutamente" el dinero de los ahorradores. Solbes ha declarado a TVE que los clientes pudren retirar su dinero si lo desean, “pero si no les hace falta utilizar el dinero, no tienen ninguna necesidad de cambiar de entidad”.
Caja Castilla-La Mancha ha sido víctima del hundimiento del sector de la construcción, sector en el que apostó con demasiada fuerza, y errores de estrategia de <strong>Juan Pedro Hernánde Moltó, su presidente, a quien se acusa de haberse dejado llevar por intereses políticos</strong> más que por los de los depositarios.
<strong>Mariano Rajoy</strong> ha sido uno de los primeros en salir a la palestra, pidiendo al Presidente del Gobierno, que explique en el Congreso la gestión de Hernández Moltó, quien con anterioridad a su cargo en la entidad, fue diputado socialista.