
En este año comienza con una de las palabras más repetidas en los círculos financieros de nuestro país. La palabra es ‘incertidumbre’. Sin entrar en valoraciones macroeconómicas, es cierto que nos encontramos ante un difícil entorno, dominado por una desaceleración del crecimiento económico.
Las empresas de telecomunicaciones no viven ajenas a esta situación, si bien sus características particulares las convierten en dinamizadoras principales de la economía española. El sector de la telefonía móvil en concreto, es uno de los pocos deflacionistas en nuestro país, favorecido por una permanente bajada en los precios y un mayor crecimiento en datos, debido a su entorno altamente competitivo. Por otra parte, con una aportación sectorial a la economía nacional de un 4,2 por ciento del Producto Interior Bruto y una inversión anual superior a los 5.700 euros, las telecomunicaciones impulsan el desarrollo de un nuevo esquema económico basado en la productividad que generan la movilidad y la banda ancha como ejes principales de este modelo.
Sin duda España cuenta con excelentes posibilidades de desarrollo alrededor de la movilidad y la banda ancha, como fuente de generación de innovación y riqueza. Según los últimos datos de la CMT, correspondientes al mes de septiembre, la penetración de la telefonía móvil en España alcanzó las 111,4 líneas por cada 100 habitantes, con un total de 50,3 millones de líneas, situándonos a la cabeza de Europa en cuanto a penetración y uso del móvil. Al mismo tiempo, el parque total de líneas de banda ancha acumuladas supera los 8,79 millones de conexiones, con un 15 por ciento de crecimiento interanual, mientras que en los próximos años el número de usuarios de banda ancha móvil se multiplicará por 30.
Administraciones públicas, reguladores, operadoras y clientes, han sido los actores que han aunado esfuerzos para que en el momento actual las comunicaciones móviles constituyan una oportunidad, y del comportamiento de éstos en los próximos meses, dependerá nuestra favorable evolución.
La nueva generación de banda ancha móvil LTE, heredera de las redes 3G, y el desarrollo de redes de fibra óptica para conseguir mayores velocidades de transmisión en redes fijas, son los dos retos con los que encararemos el futuro próximo.
Ambas tecnologías requieren inversiones muy importantes en una infraestructura que haga posible el avance y la innovación en cuanto a servicios y oferta. Una vez más, el entorno competitivo favorecerá un rápido despliegue de la infraestructura y su utilización de forma razonable por parte de todos los agentes.
En este contexto, es indudable que operadoras y reguladores deben ir de la mano para lograr un consenso en el que el mayor beneficiado sea el usuario final. Una vez más, es importante que los reguladores establezcan un consenso para evitar normativas superpuestas que sólo redundarían en mayor complejidad en el mercado.
En lo que respecta a Vodafone, nuestra aportación al sector de las telecomunicaciones en España pasa por una oferta innovadora, líder en banda ancha en movilidad y una fuerte apuesta por el talento local, como demuestran nuestros centros de innovación donde se desarrollan patentes y pilotos de última generación para el resto de los países del Grupo. Proyectos que nos han permitido hacer un uso innovador y eficiente de los servicios de telecomunicaciones, hasta poder realizar una oferta completa de telecomunicaciones de banda ancha fija y móvil.
Por otra parte, desarrollos como la tarjeta de embarque en el móvil con Spanair, sistemas de geoposicionamientopara empresas de transporte, herramientas financieras en movilidad para el sector bancario, o ‘movilización’ de las transacciones entre las Administraciones Públicas y los ciudadanos constituyen algunas de las apuestas innovadoras que demuestran cómo el móvil se puede convertir en una ventaja competitiva para las empresas españolas.