Cinco lecciones que una startup puede enseñar a una gran empresa

Las malas prácticas de recursos humanos se dan en todas las compañías, en mayor o menor medida, ya sean grandes empresas o startups. Desconocer la forma de trabajar en la actualidad o infravalorar el talento, llevan a tomar decisiones que no ayudan a la compañía a largo plazo.

Publicado el 19 Dic 2018

“Muchos CEOs y responsables de Recursos Humanos no comprenden la forma de entender el trabajo de los profesionales actuales o subestiman el valor de apostar por el talento”, explica Pablo González, CEO y fundador del ecosistema de talento joven TRIVU.

TRIVU ha elaborado un compendio de las peores y más habituales prácticas que realizan las compañías. Unos hábitos que han de erradicar si quieren evitar la fuga de buenos profesionales y contar con el mejor talento:

  1. Contratar a un ejército de becarios: incorporar becarios en una empresa cuando se va a dar formación real, se pretende formar talento y contratarlo en última instancia, es una práctica inteligente. Es una inversión. Sin embargo, convertir profesionales con poca experiencia en la fuerza de trabajo principal y encima con una remuneración muy baja (o inexistente) es sin duda una mala idea. Según dictaminó el Tribunal Supremo en 2005, una compañía no puede contratar becarios para realizar trabajos estructurales en una organización que debería realizar un trabajador contratado. Como han demostrado posteriores sentencias por toda España, es algo que sigue ocurriendo con demasiada frecuencia.
  2. Teletrabajo para todos: trabajar a distancia se ha convertido en una especie de Santo Grial para algunas compañías, que no solo lo dan como una opción, sino que incluso lo imponen con una cantidad de días para trabajar desde casa. Sin embargo, ni todo el mundo quiere teletrabajar (hay quien realmente disfruta saliendo de su casa e interactuando con sus compañeros), ni están preparados para ello (es necesario contar con un espacio preparado, es sencillo perder la concentración, no contamos con el apoyo de otros compañeros, etc). Teletrabajar tiene que ser una opción muy bien estudiada por las compañías antes de imponerla o implementarla a la ligera.
  3. Imponer la desconexión digital: la conexión permanente se está convirtiendo en el gran enemigo del descanso del trabajador. Hasta el punto que la Ley de Protección de Datos que se está tramitando en las Cortes Generales recoge el derecho a la desconexión digital de los trabajadores. Sin embargo, lo que para algunos es una carga, para otros es un alivio. Es más recomendable que una compañía trabaje por objetivos y se olvide un poco de los horarios, que imponer un horario fijo y obligar a desconectar después. Algunos profesionales prefieren administrar su tiempo, trabajar donde quieren, a las horas que quieren, y alcanzar sus objetivos. Es decir, actualmente es más positivo dar libertad y opciones al trabajador que imponer una forma de trabajar sin entender las necesidades.
  4. Fomentar la frustración: algunas empresas y directivos no premian, reconocen o promocionan al empleado y apuestan por actitudes paternalistas para aplacar la ambición de un trabajador o poner límites a su crecimiento. Es una de las mejores formas de crear empleados frustrados, que suponen el 20% de las plantillas, según la compañía Hay Group. “Tienes un buen sueldo para lo joven que eres” o “cuando yo tenía tu edad no tenía ni la mitad de responsabilidad que tú”, no son argumentos que vayan a servir a un trabajador, independientemente de su edad. Cada uno tiene sus propias expectativas y los responsables de la empresa tienen que saber valorarlas y justificar cada una de las decisiones de forma racional y medible: consecución de objetivos, trayectoria dentro de la compañía, logros, etc.
  5. Reunionitis: según un estudio de Bain & Company, las compañías dedican alrededor de un 15% de su tiempo a reuniones, por lo que se trata de uno de los grandes enemigos de la productividad y supone una fuente de frustración para muchos empleados. La empresa debe tomar las riendas en este sentido y crear unas pautas que no lleven al abuso de la convocatoria de reuniones. Por ejemplo, es recomendable que no haya reuniones “porque sí”, sino cuando haya asuntos verdaderamente relevantes a tratar o imponer un tiempo máximo para las reuniones, con lo que se fomenta ir al grano. Mientras que en España está totalmente aceptado que haya reuniones de una hora, las grandes compañías estadounidenses ya empiezan a fijar un máximo de media hora como norma.

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Redacción Computing

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