
El mal momento económico ha traído como consecuencia una retracción del consumo. Por ello, el comercio minorista ha sido una de las primeras industrias en resentirse y el efecto adverso en las ventas y la rentabilidad ha sido muy importante. Y esto también ha afectado a la delincuencia, que se ha visto aumentada, bien a través de hurtos, robos por parte de los empleados, allanamientos o atracos.
Hacer recortes en la prevención de pérdidas en un momento en que la delincuencia potencial va en aumento puede ser sumamente imprudente, sobre todo si las pérdidas producidas por roturas de stocks de mercancías y una mayor pérdida desconocida resultan ser mucho más altas que los beneficios obtenidos al reducir los presupuestos para la prevención de pérdidas.
Así lo explica el nuevo “Libro Blanco sobre la delincuencia en los comercios en la recesión”, publicado por el Centre for Retail Research, autor del Barómetro Mundial del Hurto en el sector de la distribución. Y es que los informes, tanto de los minoristas como de la policía, muestran que el aumento del desempleo ha conllevado en algunos países un incremento de la delincuencia en los comercios. Las cifras policiales arrojan luz: los hurtos en las tiendas han aumentado hasta en un 22%.
Pero el problema no sólo se limita al robo por parte de los clientes. Un informe sobre delitos de empleados en 392 empresas manufactureras y de servicios muestra que el 18% de los comerciantes piensa que el robo en efectivo de la caja por parte de los empleados ha aumentado con respecto al año anterior, y casi una cuarta parte declara que han aumentado otros delitos contra la propiedad por parte de los empleados.
¿Qué medidas se deben tomar? En primer lugar es necesario gestionar la pérdida desconocida. A ello se suma el entender las nuevas tendencias delictivas, prevenir las pérdidas, como actividad comercial cotidiana, controlar más a los empleados e invertir en tecnología.